Entrevistas
"Donde
hay chocolate hay felicidad”
La cantante
Shakira reconoce que entre una de sus cosas preferidas se encuentra
el chocolate.
Shakira Isabel
Mebarak Ripoll, mundialmente conocida como Shakira, nos revela
en esta entrevista cuáles son sus preferencias.
-La primera
pregunta es inevitable, preguntarte sobre música. ¿Qué
sueles oir?.
-Escucho música de gente como The Clash hasta Iggy Pop.
Antes escuchaba también música de los 60 y los 70,
pero ahora estoy dentro de la onda de los 80. Creo que me hace
falta esa falta de buen gusto. Ahora es todo tan perfecto y prefabricado...
-¿Qué
me dices de la comida? ¿Evitas alguna comida por mantener
la línea?.
-Para nada. Me encanta el chocolate. Siempre digo que donde hay
chocolate hay felicidad. Mi favorito es con leche aunque no discrimino.
También me gusta mucho el puro.
-Tu animal
favorito. ¿Cuál sería?.
-Los caballos, los amo porque los temo pero una vez que me monto
sobre uno, siento que lo he conquistado, que he logrado vencer
mis temores.
-¿Qué
país es el que más te atrae?
-Sin dudarlo te diré que Colombia. Es mi país y
una de las cosas más importantes de mi vida. Es un país
donde la gente siempre sonríe, aún ante los problemas,
las dificultades y la crisis que les rodea. Todavía pueden
sonreír y celebrar la vida en medio de la muerte. Es un
país de gente que admiro porque trabajan muy duro y no
abandonan sus sueños.
-¿Qué
lugar ocupa tu familia en tu vida?
-Muy importante. Mis padres siempre han sido mis mejores amigos,
las dos columnas que sostienen mi vida. Me siento muy dichosa
ya que me han apoyado en todas las metas que me he propuesto.
Soy la bebe de la familia, la última de ocho hermanas y
hermanos. Por otro lado está, mi prometido, Antonio de
la Rua, es la única persona en el mundo que me hace sentir
segura y quien creo que será el compañero de mi
vida. Nuestro sueño es estar juntos toda la vida.
-¿Tienes
alguna preferencia más, aparte de estas que nos estás
contando?
-Destacaría, el arte, la poesía y el mar. Nací
cerca del mar y vivo también cerca de él. Siempre
será un sitio mágico para mí. En cuanto al
arte y la poesía, te diré que van muy unidas. El
arte es la ventana que siempre está abierta a nuestras
conciencias. Siempre podemos saltar por esa ventana para llegar
a conocernos mejor. Me encantan las obras de Salvador Dalí
y el surrealismo porque seguramente es el movimiento que más
vínculos tiene con los pensamientos y sueños del
ser humano.
Shakira
en Europa
La cantante
colombiana Shakira pasó por Londres promocionando su último
álbum, "Servicio de Lavandería", el cual
le ha abierto de par en par las puertas del mundo musical anglosajón.
Karim Hauser, de la BBC, conversó con la popular cantante
de 25 años de edad.
¿Cómo
te sentiste al llegar a los primeros lugares de popularidad?
Estoy muy agradecida
con los fans y con Dios. Justo antes de grabar este álbum,
mi primero en inglés, había mucho nerviosismo, expectativas
y como una lucha interior. Saber que las cosas resultaron bien
es una gran tranquilidad.
Hay quienes dicen que cambiaste bastante tu estilo, incluso físicamente,
de la Shakira rockera que conocíamos.
¿Era un cambio
necesario para entrar al mercado en inglés?
No, yo no he hecho un cambio con una intención premeditada.
Yo siento que la rockera está aquí, que respira
y vive todos los días dentro de mí, porque mi pasión
es el rock. Pero nunca me ha gustado ser esclava de la imagen
que la gente se forma de mí. Ni de una imagen que yo haya
creado de mí misma. Quiero tener la libertad de metamorfosearme
y experimentar en todas las formas posibles. En este álbum
hay muchas canciones rockeras. En general, escribes las letras
de tus canciones.
¿Cómo
fue el paso de escribir en español a hacerlo en inglés?
La verdad es que no
sé ni cómo lo hice. Creo que diosito me ayudó.
Me echó una mano el jefe (risas). Fue una aventura. En
muchas cosas soy cobarde pero en otras soy lanzada a la aventura.
Me lancé en esto y me resultó.
Ahora hablabas de las metamorfosis. En tus álbumes has
integrado varios estilos: balada pop, reggae, blues, sonidos árabes...
y ahora el charango y el tango. ¿Qué nos deparará
el futuro?
Hombre, no sé
(risas). Soy una amante de la fusión. Debe ser porque en
mis venas corre sangre árabe, española, italiana.
Soy una especie de coctel y mi música refleja mucho de
lo que soy.
Creo que parte de tu
público latino puede estar celoso y preguntándose:
"¿Qué va a pasar con nosotros?, ¿va
a seguir satisfaciendo al público anglófono o va
a regresar con nosotros?".
Yo no me he ido a ningún
lado. Lo más lejos que he estado es Miami, que está
a dos horas y media de Barranquilla, mi ciudad natal. Me siento
muy identificada con mi cultura y siento que parte de la labor
que me toca como artista es representar al país de donde
vengo.
Yo me siento más latinoamericana que nunca. No creo que
haya ningún tipo de celos de mi gente. Incluso me sorprendió,
porque esperaba que en algún momento eso podía pasar,
pero no lo he sentido.
Yo me siento muy identificada con mi cultura y siento que parte
de la labor que me toca como artista es también representar
un poco el país de donde vengo.
Ya llevas 13 años
en el mundo de la música. Tu primera canción la
escribiste a los ocho años. ¿Cómo descubriste
tu voz y cómo las has ido explotando a lo largo de los
años?
Descubrí mi
voz un poco antes de los nueve años, pero descubrí
mi capacidad como cantante, de interpretar sobre un escenario,
a los diez. Logré grabar mi primer álbum a los trece...Creo
que me siento vieja ya (risas). No, disfruto esta historia como
si hubiera comenzado hace dos años.
Mencionaste la importancia
de tus orígenes, el ser de Colombia, el ser también
libanesa. Es curioso cómo ambos países han vivido
guerras civiles o conflictos, ¿cómo sientes estas
realidades?
La siento con la tristeza de los otros 30 millones de colombianos.
La siento con la tristeza de ser humana, de pertenecer a esta
raza que es una sola, la humana, y que se desintegra, que se hace
daño y se consume en el odio. Por supuesto que me afecta.
Pero hay que ponerle buena cara a todo y hay que pensar positivo.
Además, la humanidad ha vivido esta historia de las guerras
y de los enfrentamientos desde que existe.
Algo que comentan,
sobre todo tus admiradoras, es que antes te preocupabas un poco
más por temas sociales y que en el último material
se vé reflejada una Shakira que habla más del amor,
de un amor muy específico.
Es verdad.
Este álbum no es de contenido social como "Pies descalzos"
o como "Dónde están los ladrones", que
tenían canciones de ese tipo. Pero la verdad es que tenía
que obedecer la necesidad más inmediata en ese momento,
que era hablar sobre lo que me estaba pasando: el gran descubrimiento
de mi vida, el descubrimiento del verdadero amor.
Entonces, ¿cómo no iba a hablar de eso y a celebrarlo?
Alguien me decía que es posible que la relación
que representas ahora se acabe y en algunos años te estés
preguntando: "¿Por qué hablé tanto de
esto?". Es el riesgo que tomamos ¿no? Son las palizas
que a veces nos damos los artistas y hay que cargar con las cicatrices
que nos hacemos.
Esperemos que no, que sea una relación a muy largo plazo,
pero yo entré en la era del amor y entré sin miedos.
Y hable de ello sin miedos. Lo que suceda después tendré
que afrontarlo.
Shakira
por Gabriel García Márquez
SHAKIRA VOLÓ
de Miami a Buenos Aires el lunes primero de febrero, perseguida
por un periodista que quería hacerle por teléfono
una sola pregunta para un programa de radio. Por motivos diversos,
aunque naturales en los oficios de ambos, no pudo alcanzarla en
los veintisiete días siguientes, hasta que le perdió
la pista en España en la primera semana de marzo. Lo único
que le quedó al periodista fue el argumento y el título
del reportaje: "¿Qué está haciendo Shakira
cuando nadie la encuentra?" Shakira, muerta de risa, lo explica
agenda en mano: "Estoy viviendo".
Había
llegado a Buenos Aires en la tarde del primero de febrero, y trabajó
el martes hasta pasada la media noche, sin tiempo para celebrar
aquel día sus veintidós años. El miércoles
regresó a Miami, donde hizo una larga sesión de
fotos para publicidad, y grabó varias horas para la versión
en inglés de su último disco.
Al día siguiente, viernes, continuó la grabación
desde las dos de la tarde hasta el amanecer del sábado,
durmió tres horas, y siguió grabando hasta las tres
de la tarde. Esa noche durmió unas pocas horas y el domingo
temprano voló a Lima. Allí grabó en vivo,
participó a las cuatro de la tarde en un programa comercial
y estuvo hasta la madrugada en una fiesta de promoción.
Al día siguiente, nueve de febrero, concedió once
entrevistas de media hora cada una para radio, televisión
y prensa, desde las diez de la mañana hasta las cinco de
la tarde, con una pausa de una hora para almorzar. Debía
llegar de urgencia a Miami, pero a última hora tuvo que
improvisar una escala en Bogotá para una visita de consuelo
a los damnificados del terremoto de Armenia. Esa noche alcanzó
un último avión para Miami, donde ensayó
cuatro días para compromisos en España y París.
También sacó tiempo para trabajar con la cantante
Gloria Estefan en la traducción inglesa de sus discos,
desde el almuerzo del sábado hasta las cuatro y media de
la madrugada del domingo. Volvió a su casa con las primeras
luces, se tomó un café con un pan y se acostó
a dormir vestida. Una hora y media después la despertaron
para una serie de entrevistas por radio que ya tenía comprometidas.
El martes 16, ya en Costa Rica, hizo una presentación en
vivo. El jueves 18 viajó de Miami a Caracas, y allí
participó en el programa "Sábado Sensacional".
Apenas durmió, pues el 21 tuvo que volar de Venezuela a
Los Ángeles para asistir a la entrega de los premios Grammy,
con la esperanza de ser una de las escogidas. No se amilanó:
el 25 dio el salto a España, donde la esperaban para trabajar
el 27 y el 28 de febrero. El primero de marzo, cuando por fin
pudo dormir una noche completa en un hotel de Madrid, había
volado tanto como una azafata profesional: más de cuarenta
mil kilómetros en un mes.
Los compromisos
que Shakira hace en tierra firme no son menos traumáticos.
Entre músicos, iluminadores, tramoyistas e ingenieros de
sonido, el equipo que viaja con ella es una escuadra de combate.
Ella se ocupa de toda en persona. No sabe leer música,
pero en los ensayos está pendiente de cada instrumento,
con un sentido crítico severo y un oído privilegiado
que le permiten interrumpir un ensayo para coordinar la nota exacta
con sus músicos. No sólo colabora con ellos en el
escenario sino que se preocupa por la suerte personal de cada
uno. Muy pocas veces se deja ver el cansancio, pero no hay que
engañarse. En una serie de cuarenta conciertos que hizo
en Argentina no dio una mínima muestra de fatiga, pero
en los últimos alguien la esperaba entre bambalinas para
llevarla cargada hasta la camioneta. En diversas ocasiones ha
tenido taquicardias, inflamación del colon, o alergias
de la piel.
Esta situación
se ha agravado con los arduos preparativos de la versión
de la versión inglesa de ¿Dónde están
los ladrones? para los Estados Unidos, con la afortunada colaboración
de Emilio Estefan y su esposa, Gloria, que son productores actuales
de sus discos. Es una de las presiones fuertes que Shakira ha
sufrido en su vida. Habla un inglés de uso diario, pero
ha tenido que someterlo a prácticas agotadoras para depurar
su acento, y está tan obsesionada que a veces sigue hablándolo
mientras duerme. En vísperas de su estreno hizo crisis
con fiebres durante toda la noche y no durmió más
de una hora. "Fue uno de los momentos más extenuantes
de mi vida", dice. "Lloré casi toda la noche
pensando que no iba a ser capaz".
¿De
qué se extraña? Shakira parece haber olvidado demasiado
pronto que ese vértigo indomable nació con ella,
y quiera Dios que la acompañe hasta su más tierna
vejez. Es la hija única de un conocido joyero de Barranquilla,
don William Mebarak y su esposa, doña Nydia Ripoll, una
familia de ascendencia árabe tutelada por los ángeles
de las artes y las letras. La precocidad descomunal de Shakira,
su genio creativo, su voluntad de granito y una ciudad natal propensa
a la invención artística, sólo podían
ser los gérmenes de un tan raro destino. Sus primeros años
parecen saltos de décadas. Sus cronistas aseguran que a
la edad de diecisiete meses recitaba el abecedario, a los tres
años cantaba los números, a los cuatro bailó
la danza del vientre sin maestro en una escuela de monjas de Barranquilla,
donde un funcionario sibarítico de los años treinta
quiso erigir un monumento consagrado al culto de Shirley Temple.
A los siete años, Shakira había compuesto su primera
canción. Entre los ocho y los diez escribió sus
primeros versos, y sus primeras canciones con letra y música
originales. Por la misma época firmó su primer contrato
para entretener a los obreros en las minas de carbón El
Cerrejón, en la alta Guajira. Aún no había
comenzado bachillerato cuando una empresa disquera le grabó
su primer disco. "Siempre estuve muy familiarizada con mi
capacidad de crear -dice-, recitaba poemas de amor, empecé
escribiendo cuentos y sacaba muy buenas notas, excepto en matemáticas".
Sin embargo, le aburría a morir que los amigo de sus padres
la obligaran a cantar en las visitas. "Prefiero una multitud
de treinta mil personas que cinco gatos escuchándome cantar
con una guitarra", dice. Con su rostro de niña perfecta
y su engañosa fragilidad, tuvo siempre la certeza absoluta
de que iba a ser un personaje público de resonancia mundial.
No sabía en qué arte o en qué parte, pero
no tenía una sombra de duda, como si estuviera condenada
al fatalismo de una profecía.
Hoy el sueño
está más que cumplido. La música de Shakira
tiene un impronta personal que no se parece a la de nadie, y nadie
la canta ni la baila como ella a ninguna edad con una sensualidad
inocente que parece inventada por ella. Se dice fácil:
"Si no canto me muero". Pero en Shakira es cierto: si
no canta no vive. Lo único que le devuelve la paz del espíritu
es la soledad en medio de las muchedumbres. Una vez en el escenario
no tiene el temor escénico, sino todo lo contrario: el
terror de no estar allí. "Me siento -dice- como un
león en la selva". Es uno de esos pocos espacios donde
tiene la oportunidad real de mostrar lo que es, lo que ha sido,
y lo único que será sin duda hasta la muerte. Es
el caso ejemplar de una fuerza telúrica al servicio de
una magia sutil. La mayoría de los cantantes se hace poner
las luces de frente para no enfrentarse al fantasma de las muchedumbres.
Shakira escogió lo contrario. Ha instruido a sus técnicos
para que no instalen las luces fuertes contra su cara, sino que
las vuelvan hacia el público, para que ella pueda verlo
y vivirlo mientras canta. "La comunicación es total",
dice. La muchedumbre anónima e impredecible no sólo
le revela entonces una complicidad del corazón que la actriz
va moldeando a medida que actúa según los pálpitos
de su inspiración. "Me gusta ver los ojos de la gente
cuando canto para ella", dice. Algunas caras que no ha visto
nunca las descubre entre el público y las recuerda para
siempre como si fueran de viejos amigos. Una vez, de improviso,
reconoció a alguien que había muerto desde hacía
años. Y más áun: se sintió reconocida
desde otra vida. "Canté toda la noche para él",
dice. Son milagros secretos que hacen la gloria -y muchas veces
el desastre- de grandes artistas.
El fenómeno más entrañable en la vida de
Shakira es la contaminación masiva de las muchedumbres
infantiles. Cuando apareció Pies Descalzos, los publicistas
decidieron promoverlo en los intermedios de los conciertos populares
del Caribe. Tuvieron que cambiar de idea, porque el público
juvenil se lanzaba al ruedo para bailar y cantar a Shakira y sólo
querían más de lo mismo para el resto de la noche.
Hoy es un fenómeno digno de una cátedra magistral.
Las escuelas primarias de cualquier nivel social se han convertido
en clonaciones masivas de Shakiras vestidas, habladas y cantadas
como ella. Más curioso aún: la fiebre más
alta está en el promedio de las niñas de seis años.
Las grabaciones
piratas de Shakira son moneda corriente en los cambalaches de
los recreos y se venden a dos por cinco en las puertas de las
escuelas. Los adornos de sus cabellos, sus collares y aretes se
agotan al salir, y en los mercados se venden al por mayor las
anilinas para cambiarse los colores de las trenzas según
la moda del día. La heroína de la escuela es la
primera que aparece en clase con el disco. Los grupos de estudio
más concurridos se convocan en casas particulares, y al
cabo de un repaso rápido de la tarea, empieza el pandemonio.
Los cumpleaños son fiestas de shakiras, en las que sólo
se canta y se baila a Shakira. En las más puristas -que
no son pocas- no hay hombres invitados.
Es difícil
ser lo que Shakira es hoy en su carrera, no sólo por su
genio y su juicio, sino por el milagro de una madurez inconcebible
a su edad. Cuesta trabajo entender semejante poder de creación
compatible con sus trenzas negras de ayer, las rojas de hoy, las
verdes de mañana. El año próximo será
suyo: está previsto que entrará en discos y en vivo
en vastos mercados de Estados Unidos, Europa, Asia y África,
donde millones de fanáticos la esperan cantando sus canciones
en numerosos idiomas. Tiene más premios, trofeos y diplomas
que muchas veteranas grandes. Se ve que es como ella quiso ser:
inteligente, insegura, recatada, golosa, evasiva, intensa. Barranquillera
de hueso colorado, desde el mundo entero y desde las nubes de
su Olimpo añora las huevas de lisa y el bollo de yuca,
y una casa de techos muy altos que no ha podido comprar frente
al mar, con dos caballos y mucha tranquilidad. Adora los libros,
los compra, los acaricia, pero no tiene el tiempo que quisiera
para leerlos. Anhela a los amigos que se le quedan en los adioses
apresurados de los aeropuertos, pero sabe que no será fácil
volver a verlos.
Sobre el dinero
que ha ganado, dice: "Tengo menos de lo que dicen y más
de lo que yo digo". Su sitio predilecto para oír música
es el automóvil cerrado, a todo volumen, sin molestar a
nadie. "Es el lugar ideal para hablar con Dios, hablar conmigo
misma, tratar de entender", dice. Confiesa que odia la televisión.
Dice que su contradicción más grande es creer que
existe la vida eterna pero siente el terror insoportable de la
muerte, por la pérdida de los sentidos.
Hubo épocas
en que concedió hasta cuarenta entrevista diarias sin repetirse.
Tiene ideas propias sobre el arte, la vida terrenal y la eterna,
la existencia de Dios, el amor o la muerte. Sin embargo, sus entrevistadores
y publicistas ocasionales se han empeñado tanto en que
las explique, que la han vuelto experta en respuestas fugitivas,
más útiles para escamotear que para revelar. Rechaza
toda idea relacionada con la fragilidad de su fama, y la exasperan
las versiones de que puede perder la voz por sus supuestos abusos.
"En plena luz del medio día -dice Shakira- no quiero
pensar en el ocaso". De todos modos, los especialistas lo
ven como un riesgo improbable, pues su voz tiene una colocación
natural capaz de sobrevivir a sus excesos. Ha tenido que cantar
agotada por las fiebres, ha perdido el conocimiento por cansancio,
pero nunca ha sufrido la mínima alteración de la
voz. "La peor frustración de un cantante -dice con
su impaciencia final de entrevistada- es haber escogido la carrera
de hacer música y no hacer más música todos
los días por estar haciendo entrevistas".
Su tema más
resbaladizo es el amor. Lo exalta, lo idealiza, y es el alma y
razón de sus canciones, pero lo elude con humor en la charla
personal. "La verdad -dice a carcajadas- es que le tengo
más miedo al matrimonio que a la muerte. Acepta de buen
talante haber tenido cuatro novios visibles y por lo menos tres
en la penumbra. Llama la atención que parece haber tenido
los que correspondían a su edad, pero ninguno a la altura
de su madurez. En cambio, el cantante puertorriqueño Oswaldo
Ríos, el mayor de todos, parece haber sido el menos maduro.
Shakira habla de ellos con afecto pero sin dolor, y parece recordarlos
como a seis fantasmas efímeros que uno tras otro se le
han ido quedando colgados en el ropero. Por fortuna, no hay motivos
para desesperar: el próximo 2 de febrero, bajo el signo
de Acuario, Shakira cumplirá -apenas- su primeros veintitrés
años.
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